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domingo, 11 de octubre de 2020



Ser docente (¿en tiempos de pandemia?)

POR GASTÓN SPREJER (STAFF)

Vivimos en tiempos complejos, dinámicos y angustiantes. Estar inmersos en la situación de pandemia y cuarentena nos permite interpelarnos acerca del ser docente. En este contexto, la primera pregunta que podemos hacernos es: ¿tenemos que continuar enseñando? Sin dudarlo respondo que sí. Ahora bien, ¿por qué? ¿con qué objetivo? Hilvanemos una primera respuesta: la escuela tiene que seguir, adaptarse y seguir; pero no para formar a los ciudadanos del siglo XXI en la carrera del éxito, no para que los jóvenes estén al día con los contenidos curriculares. Es algo mucho más simple y a la vez complejo, algo que parece mínimo pero que es sumamente importante. Hoy la escuela y los docentes tenemos que estar presentes. Presentes para acompañar a los alumnos, para escucharlos y contenerlos. Aunque, en realidad, nos estemos conteniendo mutuamente.

En un mundo caótico y cambiante, los profesores debemos trascender lo físico, lo arquitectónico, lo corporal. No importa bajo qué plataforma virtual, debemos estar presentes. Ahora bien, dicha presencia va más allá de lo presencial. Es una presencia que acompaña y tranquiliza. Ya habrá tiempo para que los chicos se pongan “al día” con los contenidos. Ahora es tiempo de, como se pueda, mantener el vínculo y sostener(nos).

Jason Beech (2019) explica que la educación es esencialmente una actividad conservadora. La escuela cumple el rol de conservar una cultura, de conservar una lengua, ciertas costumbres y tradiciones. Sin embargo, lo particular del proceso educativo es que además de conservar, introduce cambios. Si bien lo que se enseña viene del pasado, se transmite con la ilusión de que los alumnos se lo apropien y hagan con eso algo nuevo. Por lo tanto, la escuela está siempre en la frontera entre lo viejo y lo nuevo, entre el cambio y la permanencia.

Creo que esta definición que introduce este autor se puede ver claramente en los tiempos que corren. Hoy más que nunca la escuela debe cumplir el rol de conservar los vínculos. El mundo cambia, la realidad es incierta y la escuela debe continuar para dar(nos) seguridad. Hoy nos damos cuenta de que no sirven los discursos de la eficiencia, el mérito y del individualismo. Hoy revalorizamos la importancia de acompañar al otro. Si aprendimos algo de esta pandemia, es la importancia de valorar al otro. Todos somos el otro de alguien y todos nos necesitamos mutuamente. En este contexto, los docentes debemos continuar siendo ese otro de los alumnos, el otro que está, que acompaña, que escucha, que entiende y tranquiliza. En cualquier plataforma y de cualquier manera, hoy, la escuela y los docentes, debemos seguir estando presentes.

Ahora bien, ¿por qué el título de este texto encierra una pregunta? ¿Por qué hoy pensamos el ser docente? ¿Debía ocurrir una pandemia para revalorizar lo que ocurría a diario? ¿Todos tenemos el privilegio de sentarnos a pensar? Muchas preguntas y pocas respuestas. Karl Jaspers (1989) sostiene que uno de los orígenes del filosofar son las situaciones límite. Es decir, el pensamiento filosófico puede surgir en el ser humano cuando este se enfrenta con sus limitaciones y se reconoce finito, cuando percibe que no puede dejar de morir y no puede escapar al sufrimiento. En otras palabras, la reflexión del ser humano sobre sí mismo ocurre cuando se vuelve consciente de su propia debilidad e impotencia.

Siguiendo esta línea, es posible que nos encontramos frente a una situación límite y esto nos despierta la necesidad de indagarnos a nosotros mismos. Sin embargo, ¿no será que la angustia ya estaba?, ¿no será que el mundo ya era caótico?, ¿no será que encontramos la excusa perfecta? ¿Por qué la aparición de de un virus nos hace darnos cuenta de la importancia del otro? Hace ya unas décadas, intelectuales de diferentes disciplinas vienen anunciando el fin del Estado, de la historia y de la escuela. No obstante, la escuela resiste. Porque la escuela nos sostiene y nos conserva.

Es cierto que las circunstancias cambiaron de un día para el otro. Es cierto que el contexto de hoy es muy distinto. ¿Es cierto? Posiblemente sea necesario hacernos también estas preguntas. Quizás el ser del docente, lo que lo constituye como tal, no sea el resultado de determinaciones externas, ni de las contingencias del tiempo. Tal vez lo que lo defina sean otro tipo de variables o fundamentos, como la contención, el acompañamiento y la presencia. En fin, si hay algo positivo que puede dejarnos esta situación límite es la de revalorizar a la escuela y a sus docentes. ¿Será eso posible?

BIBLIOGRAFÍA

Beech, J (2019) “La escuela frente a un mundo desbocado: algunas claves para pensar la relación entre escuela y cambio social”, en Lamónica, J. (comp.) ¿A qué se parece la escuela? Diálogos para desandar lo aprendido, Buenos Aires: Ediciones Deceducando.

Jaspers, J (1989), La filosofía, México, Fondo de Cultura Económica. 

jueves, 20 de agosto de 2020

 

Inteligencias Múltiples

El Cociente Intelectual habitualmente mide la inteligencia lógica. Algunos test de inteligencia más completos estudian la capacidad verbal, la capacidad manipulativa y la velocidad de procesamiento.

Pero según Howard Gardner existen otras muchas inteligencias que nos diferencian a los seres humanos y que no se miden en los test de inteligencia habituales.

Teoría de las Inteligencias Múltiples

Según la Teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner podemos distinguir tipos diferentes de inteligencia formal:

– Inteligencia lógico-matemática: Es la habilidad que poseemos para resolver problemas tanto lógicos como matemáticos. Comprende las capacidades que necesitamos para manejar operaciones matemáticas y razonar correctamente. Es la más semejante a la inteligencia que miden los test de inteligencia normales.

– Inteligencia lingüística-verbal: Es la fluidez que posee una persona en el uso de la palabra. Destreza en la utilización del lenguaje, haciendo hincapié en el significado de las palabras, su orden sintáctico, sus sonidos.

– Inteligencia visual-espacial: Es la habilidad de crear un modelo mental de formas, colores y texturas. Está ligada a la imaginación. Una persona con alta inteligencia visual está capacitada para transformar lo que crea en su mente en imágenes, tal como se expresa en el arte gráfico. Esta inteligencia nos capacita para crear diseños, cuadros, diagramas y construir cosas.

– Inteligencia corporal-cinestésica o corporal-kinestésica: Es la habilidad para controlar los movimientos de todo el cuerpo para realizar actividades físicas. Se usa para efectuar actividades como deportes, que requieren coordinación y un ritmo controlado, ballet, etc.

– Inteligencia musical: Es la habilidad que nos permite crear sonidos, ritmos y melodías. Nos sirve para crear sonidos nuevos para expresar emociones y sentimientos a través de la música.

– Inteligencia interpersonal: Consiste en relacionarse y comprender a otras personas. Incluye las habilidades para mostrar expresiones faciales, controlar la voz y expresar gestos en determinadas ocasiones. También abarca las capacidad para percibir las emociones en otras personas.

– Inteligencia intrapersonal: Es nuestra capacidad de relacionarnos con nosotros mismos, entender lo que hacemos y valorar nuestras propias acciones.

– Inteligencia naturalista: Consiste en el entendimiento del entorno natural y la observación científica de la naturaleza como la biología, geología o astronomía.

Lo importante en la vida es saber en qué somos buenos, cuáles son nuestras fortalezas para desarrollarlas y aprovecharlas al máximo.

Carmen Sanz Chacón

https://www.elmundodelsuperdotado.com/

martes, 18 de agosto de 2020

EDUCACION A DISTANCIA - CASO VENEZUELA

 

Cómo estudiar a distancia en la nueva normalidad Caso Venezuela


El coronavirus: la oportunidad más perfecta para la educación a distancia

Estudiar a distancia o no presencial, remoto, por internet o telemáticamente será una realidad en la nueva normalidad, que niños y jóvenes deberán enfrentar en los próximos meses, o por el tiempo que se requiera, según evolucione la crisis global generada por la pandemia del coronavirus Covid-19.

En Venezuela ya se anunció este 9 de julio que el año escolar 2020-2021 comenzará el 16 de septiembre con la modalidad de «a distancia o remoto». Esta situación, nada fácil, de estudiar a distancia se acaba de vivir en Venezuela este medio año escolar, desde marzo hasta julio, entre grandes dificultades e improvisaciones propias de una situación inédita y un gran esfuerzo de los institutos educativos, profesores y, sobre todo, de las madres y padres y, aún más, del alumnado.

Convertir el hogar en la escuela y la mamá en la maestra ha sido una experiencia agotadora y ha requerido una capacidad de resiliencia extraordinaria, sobre todo por haberse presentado tan de sorpresa y al tener que hacerlo sobre la marcha, sin poder planificar, y estando frente a la incertidumbre de una pandemia.

Lograr que los objetivos académicos se cumplieran y que los niños y jóvenes, no sólo salvaran el año escolar, sino que aprendieran y aprovecharan de la mejor manera esta experiencia era el fruto que se esperaba recoger de estos meses; sin que se volviera un caos el hogar y se valorara en su justa medida la escuela.

La educación en tiempos de Coronavirus? | Radiónica

Desventajas de estudiar a distancia


Para algunas personas, y en contadas circunstancias, el estudiar a distancia tiene ventajas y beneficios. Sin embargo, es indiscutible la importancia, las bondades y ventajas que la escuela y el estudio presencial tiene para los estudiantes, para la sociedad y para la humanidad en general.

En Venezuela las dificultades para estudiar a distancia son innumerables, en todos los ámbitos y de dimensiones alarmantes. Aunado a esto queremos referirnos a las que llamaríamos desventajas fundamentales de estudiar a distancia. Algunas desventajas de estudiar a distancia son:

 

1.- Pérdida del proceso de socialización, que solo la escuela puede ofrecer en el fortalecimiento de valores tan importantes para el individuo y la sociedad, como la amistad, la solidaridad, el compañerismo, la cooperación, entre otros.

2.- Insentiva la discriminación y debilita la igualdad que debe prevalecer entre los estudiantes, pues todos los hogares son diferentes.

3.- Debilita el papel de la escuela como generadora del proceso educativo enseñanza-aprendizaje y su papel como ejemplo de conductas ciudadanas.

4.- Dificulta la labor de los docentes, sobre todo en identificar las debilidades y dar oportuna respuesta a cada alumno, debido a la distancia.

5.- Sobrecarga al hogar y a los padres en sus roles, ralentizando la búsqueda de la autonomía deseada de los estudiantes dependiendo de su edad.


5 Tips para que estudiar a distancia sea un éxito


1.- La mamá, el papá o quien vaya a estar al frente del proceso educativo en el hogar, debe convertirse en el mejor compañero de estudio del estudiante. Debe adaptar su proceder a las necesidades dependiendo de la edad y grado del estudiante. Por lo general los niños más pequeños requieren mas compañía, atención y dedicación. Mientras más avanzan de edad y de grado los niños o jóvenes requerirán más tolerancia y autonomía.

2.- Nada ayudará más a la educación a distancia que el establecer y cumplir un horario fijo para estas actividades, preferiblemente el mismo horario de la escuela incluyendo los recreos respectivos.

3.- Acompañar al estudiante en su proceso educativo, permitiendo que sea él quien realice sus asignaciones y sea el protagonista de sus estudios; fomentando su curiosidad y responsabilidad.

4.- Cumplir los lineamientos, asignaciones e instrucciones que la escuela y los docentes suministran, comprendiendo que, aún en la distancia, son ellos quienes tienen la preparación para esta tarea y dirigen el proceso educativo de enseñanza-aprendizaje.

5.- En la medida de lo posible, las mamas y los niños deben disfrutar esta experiencia, que será el ejemplo que los niños o jóvenes atesorarán, sabiendo que todo esto pasará y que los estudiantes volverán a la escuela más temprano que tarde.


FUENTE: https://www.ivenezuela.travel/


miércoles, 6 de mayo de 2020

El profesorado no está preparado para la enseñanza en línea



El analfabetismo digital, la falta de planificación y la brecha educativa, son obstáculos para el profesorado en medio de una transición de aprendizaje de emergencia.



Desde mediados de marzo, el sistema educativo en todo el mundo ha tenido que tomar paso, sin alternativa o precedente alguno, hacia el mundo del aprendizaje en línea. La conversación entre organizaciones y autoridades en este rubro se ha abierto, discutiendo si la enseñanza remota de emergencia es la mejor opción para garantizar la continuidad de la educación como la conocemos. Distintas escuelas en nivel básico y superior se han apresurado en las medidas tomadas, dejando como consecuencia al alumnado y profesorado abrumados entretanto se define el rumbo más adecuado durante esta crisis.

La mayoría de las universidades se encontraban preparadas frente a esta transición virtual, con herramientas, sitios y rutas online ya previamente utilizadas durante su ciclo académico regular. Por otro lado, el nivel básico ha sido sorprendido con la desagradable experiencia que ha representado este cambio tan inesperado, siendo este un entorno totalmente desconocido para la mayoría de los docentes, quienes afirman no sentirse preparados para afrontar este desafío. “La injusta distribución de conectividad, así como la poca exploración de los docentes en plataformas digitales, quienes no saben aterrizar contenidos en un aula digital, son algunos de los obstáculos a los que se enfrenta la instrucción de niñas y jóvenes”, así lo plantea David Calderón, director ejecutivo de Mexicanos Primero, para el Sol de México.

Enseñanza online vs. Enseñanza remota de emergencia

En Estados Unidos, una encuesta nacional realizada por ClassTag, plataforma gratuita dedicada a la comunicación para escuelas, revela la preocupación que ha ido creciendo durante los últimos meses alrededor de las clases en línea y el profesorado de nivel básico. "El aprendizaje remoto en la educación temprana es un territorio desconocido", señaló Vlada Lotkina, cofundadora y directora ejecutiva de ClassTag, para Forbes. “Y esta encuesta muestra que los docentes, ahora más que nunca, necesitan el apoyo de la comunidad edtech para pasar por esta transición rápida y exitosamente”.

"El aprendizaje remoto en la educación temprana es un territorio desconocido".

Este reporte fue realizado en línea, y recolectó respuestas de más de 1,274 escuelas públicas y privadas en Estados Unidos. La mayoría de las profesoras y profesores encuestados pertenecían al nivel básico, siendo el 60 % proveniente de educación primaria y un 20 % de preescolar. El dato más alarmante de esta encuesta nos afirma lo que ya muchas sospechábamos: Más de la mitad de las personas encuestadas (56.7 %) afirma que no se sienten preparados para dar clases en línea. Cuando se les preguntó acerca del liderazgo que se ha tomado en esta transición crítica, el 43 % de docentes compartió que son ellos quienes han tomado la decisión de qué plataformas utilizar desde el cierre de escuelas. Esto trae una luz desfavorecedora al visualizar las herramientas más recurridas: el 68.8 % comparte documentos con sus alumnos, sólo uno de cada tres docentes planea utilizar grabaciones de video y menos del 13 % dice hacer uso de live streaming. Al indagar las aplicaciones que las personas encuestadas están manejando, la mayoría mencionó Google Drive y Google Classroom, mientras que ningún otro producto de instrucción remota logró obtener un porcentaje de utilización mayor al 10 %. “Muchos distritos se están apresurando hacia nuevas plataformas y están escaneando hojas de trabajo para que el alumnado los haga en línea, sin construir una educación atractiva y efectiva, lo que implica algo de estrategia”, dijo Richard Culatta, director ejecutivo de ISTE para The Hechinger Report.

Si la mayoría de los docentes en el nivel educativo temprano están principalmente apoyándose en este tipo de recursos, muy probablemente significa que no estamos preparados para lo que requiere un aprendizaje en línea eficiente. Intentar replicar horarios presenciales por este medio puede generar serios problemas en la relación que los estudiantes generen con el concepto de escuela vía online.

"El mayor problema es que no hay suficiente tiempo para realmente hacer la capacitación que un docente necesita para entender cómo enseñar en línea".

A esto podemos agregar que el profesorado encuentra que impartir su material por medio de clases en línea, es un método difícil para evaluar el desarrollo del alumnado. “Nosotros nos guiamos con la observación para dar una evaluación, al no observar a los niños y niñas es difícil hacer esa valoración de qué está ocurriendo con los aprendizajes”, asevera Aissa Reyes, supervisora escolar de preescolar en las región de Donato Guerra, Estado de México.

Entrenamientos sesgados

Expertas afirman que la generación, diseño e implementación de un método educativo en línea de calidad, puede tomar incluso un año. Caralee Adams menciona en The Hechinger Report que el profesorado debería, idealmente, contar con un entrenamiento a profundidad de semanas o incluso meses previo a lanzar un programa de aprendizaje en línea. Esta preparación debería contar con amplias estrategias para crear una enseñanza atractiva y una orientación frente a frente con las tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) necesarias para la experimentación de primera mano de lo que es ser un estudiante a distancia.

Idealmente, el sistema de educación temprana se habría adherido a los requerimientos necesarios para crear un programa funcional, pero dadas las circunstancias, más de 124,000 escuelas en Estados Unidos han tenido que establecer medidas sobre la marcha. La mayoría de los docentes tuvieron tan solo un acercamiento de unos cuantos días a las herramientas básicas de instrucción remota.  "El mayor problema es que no hay suficiente tiempo para realmente hacer la capacitación que un docente necesita para entender cómo enseñar en línea", dijo Jennifer Mathes, directora ejecutiva interina del Consorcio de Aprendizaje en Línea. “Ha sido mucho de resolverlo por nuestra cuenta", agrega Schloemer, de 49 años, que trabaja en la escuela primaria Riverside.

Apoyo en casa como parte fundamental

El reporte de Class Tag mencionado anteriormente, expone ciertos puntos cruciales que se deberían implementar a la hora de incluir a las familias dentro del sistema educativo remoto:

  • ·       Habilitar el acceso para todas las personas: ya que muchos hogares quedan sin acceso a computadoras, utilizar medios como mensajes te texto SMS, correo electrónico, aplicaciones o web, son un requisito previo para una transición exitosa.
  • ·      Validar la comunicación con las familias: es fundamental que las familias comiencen a recibir información de inmediato una vez que se agrega su información de contacto.
  • ·        Superar las barreras del idioma: el apoyo de las familias en las que su primer idioma no es el inglés, es una prioridad.
  • ·       Compartir documentos y enlaces: de fácil acceso y múltiples formatos.
  • ·    Iniciar una colaboración bidireccional interactiva: en un entorno remoto, no basta con expulsar información, el profesorado necesita un ciclo de retroalimentación efectivo con la capacidad de las familias para responder a anuncios o actividades.
  • ·       Compartir videos y / o transmisiones

Igualmente, la Secretaría de Educación Pública de México (SEP), dice confiar en que las familias se apoyen en contenidos diseñados para establecer rutinas diarias en el hogar durante el confinamiento. Sin embargo, Germán Pérez, psicopedagogo y catedrático de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), mencionó que la educación a distancia representa un reto para los padres de familia, pues no sólo deben dedicar un tiempo para la orientación de sus hijos e hijas, sino también en las tareas diarias del hogar y el trabajo.

"Nuestra recomendación es que las escuelas hagan una pausa por un minuto y tomen un par de días para pensar en la experiencia de aprendizaje que desean crear".

Lamentablemente, ni semanas de preparación en materia de educación en línea, ni docentes expertos en TICs, podrán hacer frente a una realidad inevitable: la brecha digital que aísla al alumnado sin acceso a internet. "Me preocupa cuánto va a exacerbar la inequidad que ya existe", explica el profesor Aric Foster de 41 años. Miles de estudiantes provenientes de zonas rurales, se encontrarán totalmente desprovistos de herramientas para su aprendizaje, situación que se encuentra fuera de las manos de nuestros docentes.

Las expectativas no cumplidas en el área de educación temprana nos obligan a cuestionarnos si la continuación ininterrumpida del ciclo escolar es la mejor opción para el sistema educativo global actual. "Nuestra recomendación es que las escuelas hagan una pausa por un minuto y tomen un par de días para pensar en la experiencia de aprendizaje que desean crear", aclara Culatta, quien forma parte del Covid-19 Education Coalition. Por otro lado, es necesario señalar que nuestros profesores y profesoras se encuentran en una situación nunca antes vista, y la colaboración oportuna de todos aquellos que conforman el sistema educativo es necesaria. Eric Hudson, director de aprendizaje y diseño de Global Online Academy, dijo que debería haber una sensibilidad a los desafíos que enfrenta el profesorado y "una expectativa manejable de lo que es posible" a medida que se adaptan a las lecciones en línea mientras mantienen relaciones con sus estudiantes.


martes, 7 de abril de 2020

Aceptémoslo, el estilo de vida que conocíamos no va a volver nunca

MIT Technology Review en español



La mejor estrategia para frenar la pandemia de coronavirus requiere que nos confinemos durante dos de cada tres meses, según un modelo del Imperial College de Londres. Y el mes que podamos salir, las normas sociales deberán cambiar drásticamente, algo que afectará principalmente a los más vulnerables.

por Gideon Lichfield | traducido por Ana Milutinovic
24 Marzo, 2020

Para detener la pandemia de coronavirus (COVID-19) debemos cambiar drásticamente nuestra forma de hacer casi todo lo que hacemos: cómo trabajamos, hacemos deporte, salimos, compramos, controlamos nuestra salud, educamos a nuestros hijos y cuidamos a los miembros de la familia. 

Todos queremos volver a la normalidad cuanto antes. Pero parece que la mayoría de nosotros todavía no somos conscientes de que nada volverá a la normalidad después de unas semanas, ni siquiera de unos meses. Algunas cosas nunca volverán a ser como antes

Aunque por fin se ha alcanzado un consenso generalizado sobre que cada país debe "aplanar la curva". Todas las naciones deben imponer el alejamiento social para frenar la propagación del virus y que el número de personas enfermas no provoque un colapso de los sistemas sanitarios, como parece que ya está pasando en Italia. Eso significa que la pandemia debe avanzar a un ritmo más lento hasta que suficientes personas se hayan contagiado para lograr la inmunidad de grupo (suponiendo que la inmunidad dure años, algo que aún no sabemos) o hasta que se descubra una vacuna (algo que no pasará como pronto hasta 2021, si es que llega). 

¿Cuánto tiempo se necesita para lograrlo y cuán severas deben ser las restricciones sociales? Mientras anunciaba algunas medidas hace unos días, el presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó que "con algunas semanas de acción concreta, podremos solucionarlo rápidamente". En China, después de seis semanas de encierro, el contagio ha empezado a disminuir ya que el número de nuevos casos ha caído en picado.

Pero el problema no se acaba aquí. Mientras haya una sola persona en el mundo con el virus, los brotes pueden y seguirán ocurriendo sin controles estrictos para contenerlos. En un reciente informe (pdf), los investigadores del Imperial College de Londres (Reino Unido) propusieron una forma de actuación: imponer medidas de alejamiento social más extremas cada vez que los ingresos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) empiezan a aumentar, y suavizarlas al reducirse la cantidad de las personas ingresadas. Así lo presentan en un gráfico. 

Casos semanales de ingresados en UCI 


Gráfico: Los períodos regulares de confinamiento social mantienen la pandemia bajo control. Créditos: Equipo de respuesta a COVID-19 del Imperial College. 

La línea naranja representa a los ingresados en UCI. Cada vez que se eleva por encima de un umbral, por ejemplo, 100 a la semana, el país cerraría todas las escuelas y la mayoría de las universidades e impondría el confinamiento social. Cuando los ingresos vuelven a caer por debajo de 50, esas medidas se levantarían, pero las personas con síntomas o cuyos familiares tuvieran síntomas deberían seguir en sus hogares.

¿Qué se considera como "alejamiento social"? Los investigadores lo definen así: "Reducir el contacto fuera del hogar, en la escuela o en el lugar de trabajo en un 75 %". Eso no significa que haya que salir con los amigos una vez a la semana en lugar de cuatro veces, sino que todos harían lo máximo posible para minimizar el contacto social, lo que, en general, reduciría el número de contactos en un 75 %.

Según este modelo, los investigadores concluyen que el alejamiento social y el cierre de escuelas deberían producirse aproximadamente dos tercios del tiempo, es decir, dos meses sí y uno no, hasta que haya una vacuna disponible, algo que no se espera, como mínimo hasta dentro de 18 meses.

¿¡Dieciocho meses!? Seguramente debe haber otras soluciones. Por ejemplo, ¿por qué no se puede simplemente construir más UCI para tratar a más personas a la vez? 

Bueno, en el modelo de estos investigadores, esa estrategia no logró resolver el problema. Sin el alejamiento social de toda la población, el modelo predice que incluso la mejor estrategia de mitigación, que significa aislamiento o cuarentena de los enfermos, de los ancianos y de los que han estado expuestos, además del cierre de escuelas, aún provocaría un aumento de las personas gravemente enfermas ocho veces mayor de lo que podría soportar el sistema de EE. UU. o de Reino Unido. (Esa es la curva azul más baja en el gráfico a continuación; la línea roja plana es el número actual de camas en UCI.) Incluso si las fábricas empezaran a producir más camas y respiradores y todas las demás instalaciones y suministros, aún harían falta muchos más médicos y enfermeras para atenderlos a todos.

Gráfico: En todos los escenarios sin alejamiento social generalizado, el número de casos de COVID-19 satura a los sistemas sanitarios. Créditos: Equipo de respuesta a COVID-19 del Imperial College.

¿Y si solo se imponen restricciones durante unos cinco meses? Tampoco serviría: cuando se levantan las medidas, la pandemia vuelve a estallar, solo que esta vez sería en invierno, el peor momento para los sobrecargados sistemas sanitarios.

Gráfico: Si se impone el alejamiento social completo y otras medidas durante cinco meses, y luego se levantan, la pandemia regresa. Créditos: Equipo de respuesta a COVID-19 del Imperial College.

¿Y qué pasaría si decidiéramos actuar de forma brutal? Es decir, ¿qué pasaría si decidimos mantener las UCI hasta los topes para instigar el alejamiento social, aunque eso suponga un aumento de los fallecidos? Resulta que eso tampoco supondría una gran diferencia. Incluso en el escenario menos restrictivo del Imperial College, deberíamos permanecer encerrados más de la mitad del tiempo. 

Esto no es una alteración temporal. Se trata del inicio de una forma de vida completamente diferente. 

Cómo vivir en una pandemia permanente

A corto plazo, esto será muy perjudicial para los negocios que dependen de juntar a grandes cantidades de personas: restaurantes, cafeterías, bares, discotecas, gimnasios, hoteles, teatros, cines, galerías de arte, centros comerciales, ferias de artesanía, museos, músicos y otros artistas, centros deportivos (y equipos deportivos), lugares de conferencias (y organizadores de las mismas), cruceros, aerolíneas, transporte público, escuelas privadas, guarderías. Por no hablar de las tensiones que los padres tendrán para educar a sus hijos en casa, de las personas que cuidan a sus parientes de edad avanzada para no exponerlos al virus, de las personas atrapadas en relaciones abusivas y de cualquiera sin ahorros para lidiar con los cambios en sus ingresos. 

Pero es lo que hay, así que tendremos que adaptarnos: los gimnasios podrían empezar a vender máquinas para casa y sesiones de entrenamiento online, por ejemplo. Veremos una explosión de nuevos servicios en lo que ya se ha denominado como la "economía confinada". También se puede esperar el cambio en algunos hábitos: menos viajes contaminantes, más cadenas de suministro locales, más paseos y ciclismo. 

La paralización de tantas empresas y medios de vida será imposible de manejar. Y el estilo de vida confinado durante períodos tan largos simplemente no es sostenible.

Entonces, ¿cómo podremos vivir en este nuevo mundo? Con suerte, parte de la respuesta será que tendremos mejores sistemas sanitarios, con unidades de respuesta ante pandemias capaces de actuar rápidamente para identificar y contener brotes antes de que empiecen a propagarse, y con la capacidad de aumentar rápidamente la producción de equipos médicos, kits de prueba y medicamentos. Aunque todo esto no ha llegado a tiempo para detener al COVID-19, sí nos ayudará con las futuras pandemias.

A corto plazo, probablemente nos obligaremos a mantener una vida social aparente. Los cines podrían eliminar la mitad de sus butacas, las reuniones se llevarán a cabo en salas más grandes con sillas más separadas y los gimnasios requerirán reservas de sesiones de entrenamientos con antelación para que no se llenen de gente. 

Pero, al final, recuperaremos la capacidad de socializar de manera segura con el desarrollo de formas más sofisticadas de identificar quién representa un riesgo y quién no, y discriminando, legalmente, a los primeros. 

Se pueden ver distintos presagios de este futuro en las medidas que algunos países ya están tomando. Israel utilizará los datos de ubicación de los teléfonos móviles con los que sus servicios de inteligencia rastrean a los terroristas para seguir a las personas que han estado en contacto con los confirmados portadores del virus. Singapur realiza un exhaustivo seguimiento de contactos y publica datos detallados sobre cada caso confirmado, sin identificar a las personas por su nombre.

No sabemos exactamente cómo será este nuevo futuro, por supuesto. Pero es posible imaginar un mundo en el que, para tomar un vuelo, a lo mejor haya que registrarse en un servicio que rastree los movimientos de los pasajeros a través del teléfono. La aerolínea no podría ver dónde habían ido, pero recibiría una alerta si algún pasajero ha estado cerca de personas infectadas confirmadas o de puntos calientes de enfermedades. Habría requisitos similares en la entrada a grandes sitios, como edificios gubernamentales o centros de transporte público. Habría escáneres de temperatura en todas partes, y su lugar de trabajo podría exigirle usar un monitor que controle su temperatura u otros signos vitales. Actualmente, las discotecas hacen controles de edad y puede que, en el futuro, también exijan un justificante de inmunidad: una tarjeta de identidad o algún tipo de verificación digital a través del teléfono que demuestre que la persona ya se ha recuperado y vacunado contra la última cepa del virus. 

Nos adaptaremos y aceptaremos esas medidas, de la misma forma que nos hemos acostumbrado a los cada vez más estrictos controles de seguridad en los aeropuertos a raíz de los ataques terroristas. La vigilancia intrusiva se considerará un pequeño precio a pagar por la libertad básica de estar con otras personas. 

Como de costumbre, además, el coste real será asumido por los más pobres y los más débiles. Las personas con menos acceso a la sanidad y las que vivan en áreas más propensas a enfermedades también serán excluidas con mayor frecuencia de lugares y oportunidades abiertas para todos los demás. Los trabajadores autónomos, desde conductores hasta fontaneros e instructores de yoga, verán que sus trabajos se precarizan aún más. Los inmigrantes, los refugiados, los indocumentados y los expresidiarios se enfrentarán a otro obstáculo para hacerse un hueco en la sociedad. 

Además, a menos que se impongan reglas estrictas sobre cómo se calcula el riesgo de contraer una enfermedad para cualquier persona, los gobiernos y empresas podrían elegir cualquier criterio: ganar menos de 30.000 euros al año podría considerarse un factor de riesgo, así como tener una familia de más de seis miembros y vivir en ciertas partes de un país, por ejemplo. Eso abre la puerta al sesgo algorítmico y la discriminación oculta, como sucedió el año pasado con un algoritmo utilizado por las aseguradoras de salud estadounidenses que resultó favorecer accidentalmente a las personas blancas. 

El mundo ha cambiado muchas veces, y ahora lo está haciendo de nuevo. Todos tendremos que adaptarnos a una nueva forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Pero como con todo cambio, habrá algunos que perderán más que la mayoría, y probablemente serán los que ya han perdido demasiado. Lo mejor que podríamos esperar es que la gravedad de esta crisis finalmente obligue a los países, en particular a EE. UU., a corregir las enormes desigualdades sociales que provocan que grandes franjas de su población sean tan extremadamente vulnerables.

domingo, 29 de marzo de 2020


La educación en Venezuela
Por
 -
marzo 28, 2020



La EDUCACIÓN, así con letras mayúsculas, no es ni ha sido nunca una simple inquietud de los seres humanos, sino una imperiosa necesidad para la existencia y subsistencia del hombre dentro de la sociedad.
Cuando hablamos de educación no solo nos referimos a la superior, a la académica ni a la profesional en cualquiera de sus ramas, cuya importancia es indiscutible; como tampoco a la que se cursa en el nivel primario dentro de las aulas. Ello se debe a que el vocablo educación es sumamente  amplio, pues abarca también a quienes jamás han tenido escolaridad, pero que la necesitan como preparación elemental para desempeñarse en sus diversas actividades que los llevarán a mejor vida en la sociedad. Esa es la razón por la cual se habla de dos clases de educación: la sistemática y la asistemática.
Educación sistemática es aquella debidamente planificada, en cuya organización se establecen los programas a cumplir, los objetivos a lograr y el  tiempo durante el cual se cursa. Se imparte en lugares cerrados, en aulas, dirigida por profesores y recibida por alumnos, y está sometida a horarios y lapsos de duración. En cambio, la educación asistemática es completamente informal, sin programas ni planificación alguna. Es espontánea. Se recibe de diversas fuentes, una de ellas mediante la lectura, también del buen cine, de las conferencias, la asistencia a actos culturales y, especialmente, con la actuación y el comportamiento personal en la sociedad. Ese comportamiento debe ser ejemplar, como una escuela, y se demuestra con el cumplimiento de los deberes y responsabilidades; además, con el adecuado vocabulario y el respeto a las personas. Así, impartimos y recibimos educación. Somos, pues, a la vez,  educadores y educandos. Esa es la escuela de la vida.
Volviendo a la educación formal, la Constitución Nacional establece en el  artículo 102 que la educación es un derecho humano fundamental, que es obligatoria, gratuita y democrática y que el Estado la asumirá  como función indeclinable en todos sus niveles y modalidades… Y, en el artículo 103 se establece que toda persona tiene derecho a recibir una educación integral de calidad, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones…
Para identificar al vocablo educación abundan definiciones, todas semejantes, así, Fernando Corripio en su Diccionario de Sinónimos la identifica con instrucción, enseñanza, formación, cortesía, etc. Para otros es aprendizaje, disciplina, buenas maneras, crianza, delicadeza, finura. Todas, pues, aluden al comportamiento de los seres humanos en la sociedad.
Con respecto a la educación en Venezuela, revisemos si las dos normas constitucionales que establecen deberes y derechos se están cumpliendo. Por una parte, “El deber u obligación del Estado de  asumir la educación como función indeclinable” y el deber y el derecho “que tienen las personas a recibir una educación integral de calidad”. Ante esos mandatos, debemos interrogarnos ¿se están cumpliendo ambos? Creemos firmemente que no.
Por una parte, el Estado no ha tomado “la educación como una función indeclinable en todos sus niveles y modalidades”, pues no le ha dado  el carácter prioritario que se merece en ninguno de sus niveles, demostrando con ello nada de preocupación del actual régimen por la cultura. Así, lo evidencian la falta de suficiente y adecuada dotación a los institutos donde formalmente se cursa la educación, como también la limitación presupuestaria a las universidades nacionales; igualmente, la falta de estímulo a los maestros y profesores al mantenerlos con tan baja remuneración salarial que los obliga a abandonar sus responsabilidades docentes en Venezuela y procurar su vida en otra forma o tomar el camino de aventurarse a laborar en otros países. O sea, no hay Educación integral ni de calidad que permita a las personas cumplir el deber y el derecho de recibirla.



viernes, 27 de marzo de 2020

Efectos del covid-19 en la educación en Venezuela
Por
Daniel Arias Alfonzo
marzo 27, 2020




Dedicado a Hugbel Roa y Aristóbulo Istúriz
Uno de los efectos más importantes de la actual “cuarentena” que ha obligado a millones de venezolanos a quedarse en sus casas ha sido el impacto catastrófico que esta situación ha generado sobre el subsistema educativo, especialmente las escuelas y universidades públicas, donde profesores con un bajísimo sueldo que apenas da para la subsistencia biológica y estudiantes, mayoritariamente de las clases populares, están siendo lanzados al desafío sin precedente de pasar a la denominada “teleeducación”.

En países de amplia difusión de los medios tecnológicos, donde la inmensa mayoría de las personas tienen celulares inteligentes y computadoras de escritorio o portátiles a su disposición, ciertamente, esta etapa de conversión de una educación presencial a una educación a distancia durante meses no debe representar mayores complicaciones, siendo cuestiones de simple asesoramiento técnico por parte de los profesores a los alumnos. En situaciones de extrema necesidad, como la actual cuarentena, muchas universidades han difundido ampliamente por sus redes sociales, especialmente por cadenas de Whatsapp, la aplicación Facebook Classroom para que el profesor logre de forma exitosa su misión educativa.

El problema en Venezuela es que, a diferencia de otros países, muchos educadores no tienen computadoras o teléfonos inteligentes, y muchos de los que disponen de estos equipos simplemente no tienen Internet básico en sus casas. Tendrían que salir de sus casas para buscar una zona Wi-Fi y actualmente es imposible; los cibercafés también están cerrados por no ser lugares expendedores de alimentos.

Para quien vive fuera de Venezuela o fuera de Caracas, es imposible de imaginar las dificultades de todo tipo que sufre el ciudadano de la provincia para tener servicios de Internet, así como las trabas burocráticas que hacen una tarea casi imposible solicitar el ABA de CANTV.

A todo esto, debemos sumarle el trabajo de la delincuencia organizada, que en la búsqueda de los denominados “materiales estratégicos” ha dejado sin cables ni servicios digitales a muchas urbanizaciones del país, incluyendo en esta tragedia a una famosa universidad del estado Aragua, donde los profesores tienen que hacer acto presencial para descargar las notas finales, después de pasar años transmitiendo las mismas por Internet, por lo cual no creo que la situación telemática del resto de las universidades venezolanas sea mucho mejor en términos estandarizados.

Si salimos del mundo profesoral, encontramos en el alumnado una situación muy superior en cuanto a las carencias de medios digitales (PC y celulares inteligentes), por lo cual genera una angustia pensar en las posibilidades reales de pasar la educación presencial a la educación en línea de forma masiva en Venezuela.

No cabe duda de que en las instituciones privadas, donde los estudiantes llegan a pagar  como mínimo 15 dólares la mensualidad, esta situación es muy diferente dado que en sus casas existen los medios físicos para adaptarse a las necesidades de esta crisis y el director de la institución solo debe contratar un técnico que le abra la materia a cada profesor en Facebook Classroom para que automáticamente se adapten al mundo digital.

Lamentablemente, el director de las escuelas públicas, no tiene recursos financieros ni para pagar asesorías técnicas, o comprar equipos tecnológicos para los profesores y esto nos lleva a reflexionar sobre la utilización de los recursos del Estado en época de bonanza.

Esta realidad me hace recordar la famosa de  fábula del griego Esopo “La hormiga y la cigarra”, en la que la hormiga trabajaba afanosamente para guardar alimento y la cigarra se pasaba el día cantando, hasta que llegó el invierno y se dio cuenta de que moriría de hambre por no haber sido previsiva en tiempos anteriores a la situación de contingencia.

Los  ministerios de Educación  y de Educación Universitaria han demostrado no tener ningún plan de contingencia para esta situación, ni previeron nunca entregarle a cada educador una computadora tipo Canaima con la condición de que digitalizaran por completo sus actividades y evaluaciones en la medida de lo posible.

No podemos sancionar a los niños que reciben con alegría indescriptible sus computadoras Canaima, pero sí podemos demandar de las personas adultas obligaciones y tareas concretas que nos hubiesen preparado para esta contingencia escolar, que va a todos los niveles de la educación en Venezuela.

Es indignante para nosotros observar cómo en algunos países europeos siguen funcionando los comedores escolares porque se han organizado para llevar los almuerzos a las casas de los estudiantes, de la misma manera que grupos de voluntarios en Corea del Sur están organizados y prestos a llevar las bolsas de los mercados a los hogares y muy especialmente a las casas de las personas de la tercera edad, que deben guardar rigurosa disciplina durante la cuarentena (tarea que desempeñan en este caso los jefes de calle).

El maestro Simón Rodríguez decía que la escuela era para educar ciudadanos y crear republicanos, lo que me hace concluir que hemos fracasado como proyecto educativo nacional en los últimos años, por la incapacidad de crear personas responsables y previsivas que entiendan que la disciplina y la organización no son cadenas que coartan la felicidad y la libertad individual, sino requisitos indispensables de las personas adultas que deben ser padres de familias, trabajadores ejemplares, ciudadanos respetuosos y otras virtudes que ciertamente parecen haber desaparecido de la escuela y la sociedad venezolana.

Pensar que con estos niveles de informalidad, desorden, indisciplina y falta de planificación ante situaciones de contingencia como guerras o terremotos, se puede estructurar un país desarrollado o una Venezuela Potencia es una demostración de necedad increíble, si no se entiende de una vez y para siempre la importancia de construir un sistema educativo que atienda las necesidades colectivas de la nación e individuales de los ciudadanos.

Este es el motivo principal del éxito de Corea del Sur, Taiwán o Alemania, cuyos sólidos sistemas educativos forman dentro de sus sociedades ejércitos no uniformados de ciudadanos instruidos y disciplinados.

Una de las lecciones inolvidables que deben aprender dentro de la sociedad venezolana es, sin duda, la importancia de la participación ciudadana dentro de las instancias locales y vecinales, pues no basta con tener más de 3.000 comunas, más de 48.000 consejos comunales y más de 300.000 jefes de calle si no tienen la organización, adiestramiento y equipamiento para manejar situaciones de contingencia.

FUENTE: https://www.elnacional.com/opinion/efectos-del-covid-19-en-la-educacion-en-venezuela/

miércoles, 25 de marzo de 2020

Sentido común pedagógico frente a la crisis del coronavirus

Sentido común pedagógico frente a la crisis del coronavirus


En opinión de Fernando Trujillo, profesor de la Universidad de Granada y miembro de Conecta13, los docentes han tenido que adaptarse en pocas horas a un sistema educativo a distancia, lo que ha revelado las enormes carencias de la educación digital en nuestro país. Una de las consecuencias más directas es el envío desproporcionado de tareas al alumnado. Por ello, nos ofrece una serie de claves para estos momentos de enseñanza ‘confinada’.
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